‘Nunca me han llamado’

Último post de la serie de Reforma.

Yaxché Jesús Mejía: desempleado.  
Egresado de la licenciatura en Derecho, a sus 27 años Yaxché está perdiendo la esperanza de conseguir un empleo

Ciudad de México  (31 enero 2010).- Ha visto todas las películas de la cartelera. Tiene tanto tiempo libre que algunas las ve hasta tres veces. Sabe de directores, guionistas y actores, mexicanos y extranjeros.

Aunque su vida parecería un sueño para algunos, no lo es para Yaxché. Su sueño es tener un trabajo estable en el que pudiera ejercer la profesión que estudió, derecho, en lugar de pasar sus tardes y noches sumido en una butaca de cine. Pero no ha encontrado empleo, y no está seguro de encontrarlo en 2010.

Chilango de 27 años, Yaxché Jesús Mejía Balderas ha tenido un difícil inicio de año, pues ha enfrentado el aumento de alimentos, gasolina y transporte público sin ingreso propio.

Acepta que su humor ha cambiado por ser uno de las 2.7 millones de personas en edad de trabajar que se encuentran desempleadas en el país, según el INEGI. Muchas cosas que ni le importaban ahora le molestan. Sólo se entretiene yendo al cine con una tarjeta por la que paga 125 pesos mensuales, regalo de su mamá. Así se olvida de su complicada realidad algunas horas.

“Los aumentos te afectan mucho. Porque sube la tortilla un peso por kilo, pero el taco en la calle no lo aumentan en proporción, lo aumentan también un peso, y es donde yo como.

“Los aumentos se magnifican, son muy graves para alguien muy vulnerable a eso, como yo”, señala este joven alto, esbelto, moreno, con lentes de pasta negros a la moda.

Ha buscado trabajo desde que obtuvo todos los créditos de su licenciatura en noviembre de 2008, pero no ha podido colocarse en ningún despacho haciendo labor jurídica. Más de una veintena de currículos repartidos por toda la ciudad. Ya ni lleva la cuenta.

Lo único que consiguió en 2009 fue hacer prácticas profesionales en el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial y diseñar su tesis, aún inconclusa. Su esperanza de contrato en el IMPI duró poco. Tras seis meses, cuando las prácticas terminaron, tampoco lo contrataron por escasez de presupuesto en el instituto.

“Mucho tuvo que ver la falta de experiencia. A mí ya no me importaba hacer algo que me gustara. No es que yo dijera ‘soy abogado de propiedad industrial y no puedo trabajar en otra cosa’. Apliqué a gestoría, derecho civil, derecho corporativo. Apliqué para todos los puestos que encontraba, en los que yo creía que podía encajar; no es que me cerrara, pero no me llamaban”.

Vive en la delegación Iztacalco con su madre, Antonia Balderas, florista y dueña de dos locales en el mercado El Rastro, en el norte de la ciudad. Ella lo mantiene, y eso le pesa cada vez más. Ella sólo terminó la primaria y le da a su hijo pasante de derecho 700 pesos semanales para sus gastos.

Su padre, Cutberto Mejía, es ex mecánico de la extinta Ruta 100 y dueño de un puesto de periódicos. Hoy ya no puede trabajar por las complicaciones de su diabetes mal cuidada. Está internado.

Tiene dos hermanos mayores, uno técnico en refrigeración y otro vendedor de paletas en El Rastro, y una menor, de 17 años, una de los 110 mil estudiantes rechazados de la UNAM en 2009. Por la crisis, todos son ayudados económicamente por su madre de una u otra forma.

“Viniendo de una familia humilde, que siempre se ha dedicado al mercado, que me dieron la oportunidad de estudiar, no tener trabajo es frustrante. Esperaba otra cosa. Esperaba ya estar trabajando, tener un trabajo estable, estar siendo remunerado aunque no con un súper sueldo pero algo que me permitiera vivir”.

“Soy la esperanza. No económicamente, pero sí socialmente, de que yo pudiera lograr algo en lo que toda la familia había invertido tiempo, recursos económicos, por eso me siento tan mal”, relata.

A finales de año su madre, preocupada por la falta de empleo, le ofreció convertirse en florista profesional, pero su padre no lo aceptó. Lo mandaron a la escuela para que ascendiera socialmente, de abogado tiene que trabajar. Así recuerda Yaxché la sentencia paterna. La presión para ejercer aumenta día con día y, asegura, ya es insoportable para él.

Tiene miedo de que este 2010 otra vez no encuentre trabajo como licenciado, por lo que confeccionó un plan B, que espera apruebe su padre sin tanto enojo: ser profesor de inglés. Tras 23 cursos en Harmon Hall está por concluir el nivel Teachers. Es la única opción que ve a futuro viable.

“El inglés dejó de ser sólo una capacitación, dejó de ser ‘soy un abogado que habla inglés’ para convertirse en una posibilidad de trabajo, ante la falta de oportunidades que tengo en mi carrera. Es que no veo que este año pinte mejor que el anterior”.

Yaxché se siente ofendido por el aumento de impuestos y de precios. Sabe que eso dificultará aún más su búsqueda de empleo, de por sí difícil, pues su carrera es considerada como crítica por la Secretaría de Educación Pública por la sobreoferta de egresados, y el desempleo en este grupo es de más del 11 por ciento.

“Estudié para tener mejores oportunidades, para tener el camino más despejado, y resulta que no. Entonces dices: ‘si no estudio tengo que fregarme, si estudio también’. ¿Qué clase de sistema opera?

“No puede ser lo que pasa en este país, que un funcionario reciba 3 mil pesos diarios cuando tú, para las actuales condiciones económicas, te das por bien servido si ganas 150 pesos diarios, haz la cuenta. Y yo sin poder tener trabajo”.

1 comentario en “‘Nunca me han llamado’”

  1. Bienvenido a la Realidad…..

    Asi son las cosas en este pais. y asi han sido desde hace mucho tiempo, el desempleo no es nuevo.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Scroll to Top