Los monopolios: menos opciones para el consumidor

Alejandro Sánchez
Publycom Marcas

Cuando hay un ambiente donde las marcas compiten libremente por capturar la atención y lealtad de sus clientes, sólo se producen buenos resultados: productos de mejor calidad, buenos precios, más servicios y clientes satisfechos. Pierden aquellas empresas que no pueden con el reto de mantenerse competitivas, pero ganan aquellas que se sostienen y ganan los consumidores.

En cambio, cuando no hay competencia, las empresas no tienen ningún estímulo para mejorar la forma en que atienden a sus clientes y el público permanece “obligado” a consumir de un solo proveedor, aunque este sea caro o malo. Puede parecer que el monopolio es el que gana, pero al final pierden todos.

Una visita al súper es el mejor ejemplo de libre competencia. En Culiacán podemos elegir entre varias opciones de proveedor del servicio: MZ, Ley, Soriana, Walmart, Bodega Aurrerá, Comercial Mexicana, Sam’s Club o City Club. Una vez adentro de la tienda, las opciones en casi todas las categorías de productos son muy amplias. Hay unas 4 o 5 marcas de leche, varias de refrescos, una infinidad de galletas, cereales, productos de limpieza, alimentos enlatados, etc.

Afortunadamente en México las cosas han cambiado mucho en los últimos 20 años en este sentido. Hace no mucho tiempo, sólo habían 5 marcas de automóviles y cada una manejaba 4 o 5 modelos; sólo había una compañía de teléfonos que daba un pésimo servicio; 2 aerolíneas que jamás cumplían un horario. Había que viajar a Estados Unidos para comer un buen chocolate.

Las cosas han cambiado aunque están lejos de ser perfectas. Las prácticas monopólicas están prohibidas por la ley, pero en la práctica se sigue protegiendo a empresas dominantes. Telmex ha mejorado mucho sus servicios pero mantiene una dominancia que le permite establecer altos precios y baja calidad en los servicios de Internet; los consumidores seguimos amarrados a un solo proveedor de gasolina, a una sola compañía de TV Cable y a sólo 3 proveedores de telefonía celular que son caros y prestan un pobre servicio.

La situación ideal para los consumidores siempre será la libre competencia que le permita premiar con su lealtad o castigar con su falta de compra a las empresas y marcas. Los consumidores estamos aprendiendo a cumplir con este rol de jueces del mercado. Pero también tenemos que volvernos exigentes aún cuando no hay libre competencia. Si no nos gusta el estado de una carretera de cuota, podemos exigir, si el Internet está muy lento, debemos quejarnos. También en los monopolios hay gente que nos debe de escuchar y existen organismos reguladores que deben sentir nuestra presión. Lo que los consumidores no podemos hacer es resignarnos a recibir servicios malos y caros.

ascalvo@publycom.com.mx

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