Las encuestas y los mitos sobre su Metodología

No se debe confundir “preguntar” con “encuestar”, es muy común decir “hice una encuesta en mis conocidos” o “les pido responder esta encuesta”; el hacer preguntas es una ocurrencia, el hacer encuestas implica un método.

Decidí incluir la palabra mito en el título, dado que no se trata de explicar “cómo se hacen”, sino de aclarar, a quienes objetan permanentemente las encuestas como un método incorrecto, parcial o sesgado, por el hecho de no compartir sus criterios, puede ser el más árido de los nueve artículos que diseñé para este propósito, preferí comenzar con los temas más controversiales, pero para hablar de los puntos metodológicos, lo hago a través del mecanismo que he seguido en los textos anteriores, con frases cortas,
que pueden ser hasta sarcásticas, con la única intención que la idea quede clara.

1.- No existe “el mejor” método para hacer una encuesta, nadie tiene “la metodología” lista para aplicarse en cualquier tiempo y lugar, depende de la población y el fenómeno a medir, de las preguntas a aplicar, de la rapidez con la que se requieren los resultados, de la cobertura y precisión, y de muchas otras variables; para ello, los profesionales de las encuestas deben buscar la mejor alternativa en cada estudio, así que quien venda recetas mágicas está vendiendo eso, magia.

2.- Existe la creencia de que las encuestas de opinión se levantan “sólo en áreas rurales” o que “son telefónicas” y eso es totalmente falso, aún no logro identificar la fuente de esos errores, pero debe entenderse que las buenas encuestas, las que quieren medir a todos, deben garantizar que el marco poblacional de donde se toma la muestra incluya a TODOS y eso sólo lo hace una encuesta en viviendas que utilice un marco de muestreo exhaustivo y excluyente (secciones electorales por ejemplo). Para que la opinión de TODOS esté incluida en el estudio no se les debe preguntar a todos, simplemente se les debe dar la oportunidad de estar en la muestra.

3.- ¿Las encuestas telefónicas entonces no sirven? Claro que sí sirven, pero no miden a toda la población, son dos cosas distintas. Si las encuestas telefónicas están bien hechas, se le da continuidad al método y se observa la serie, seguramente podremos ver muy bien la evolución de la forma de pensar y opinar de una parte de la población, pero no olvidemos que son sólo una parte de la población, no es que la encuesta esté sesgada o mal hecha, únicamente se mide a la parte más informada y que en promedio tienen mayor acceso a servicios.

4.- Una encuesta de preferencias electorales sirve para conocer lo que todos los ciudadanos piensan de los candidatos y partidos; una encuesta de salida sirve para determinar quiénes de los candidatos gana la contienda. Como bien se observa los objetivos son distintos, sólo una de ellas hace declaración de ganador, por ellos es que la forma en que se dan a conocer los resultados de cada método es distinto, en una encuesta preelectoral jamás aparece un too close to call, que es común en una encuesta de salida cuando no se tiene certeza de quien gana.

5.- Quien no entiende mucho de estadística comúnmente cuestiona el tamaño de muestra y alega que es una muy pequeña parte de la población; de eso se trata el trabajo de un estadístico, de optimizar los métodos para que con poca muestra se pueda inferir el total, dentro de las variables que importan para determinar a cuantos entrevistar tal vez la de menos importancia es el tamaño de la población, importa más la variable a medir, la dispersión de esa variable en la población, la precisión que se desea y otras, pero pensar que el número total de ciudadanos es el que determina la cantidad a encuestar es como pensar que el tamaño del plato de sopa es el que nos determina el tamaño de la cuchara.

6.- Cuando una encuesta afirma “3% de error y 95% de confianza” nos está diciendo que de cada 20 veces que se aplique ese método en las mismas condiciones, 19 veces su error de medición será menos a tres puntos y una vez su error mayor a tres puntos (nunca nos dice que el error es de 3%), el problema es que la encuesta es sólo una y no se sabe nunca si fue de las 19 “cercanas” o de la única “lejana”, ésa es una de las paradojas del muestreo.

7.- No se debe confundir “preguntar” con “encuestar”, es muy común decir “hice una encuesta en mis conocidos” o “les pido responder esta encuesta”; el hacer preguntas es una ocurrencia, el hacer encuestas implica un método, pero como he afirmado en otros textos, para quien quiere creer en un resultado lo que menos le importa es esa diferencia.
Con este texto termino una serie de nueve artículos semanales, que al leerse en su totalidad dan cuenta de mi forma de ver los ejercicios demoscópicos después de casi 30 años de trabajarlos y de tratar con políticos, periodistas, académicos y críticos de toda índole, desde los que aportan con un debate conceptual y metodológico hasta los que destruyen sólo porque no les gusta que exista lo que no pueden controlar o por otras razones. La serie completa la pueden consultar en el portal de El Economista y  seguramente quedan muchos puntos por abordar, el debate enriquece las ideas.

Fuente: Roy Campos

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