Las encuestas, ¿el que paga gana?

Una verdad atrás del mito es que quien paga la encuesta es quien aprueba su difusión o quien podría vetarla, de esa manera es raro el caso de quien acepta difundir una encuesta que le es desfavorable.

En esta serie de textos semanales he platicado de las encuestas en su relación con los políticos, con los medios, con los estrategas y su influencia en el ciudadano, tratando de destruir mitos y a veces de explicar cómo funciona en la práctica el entorno de las encuestas de opinión pública y principalmente las que se hacen en periodos electorales; uno de esos “mitos” que se manejan durante las campañas electorales es que “el que paga gana”, el cual tiene su razón de ser, pero es totalmente falso, según trataré de explicarlo más adelante a través de frases cortas y conclusiones de ellas.

1. Una buena encuesta muestra la forma en la que opina la población medida a partir de las respuestas de los encuestados, éstos no tienen por qué responder lo que quiere escuchar quien contrata la encuesta, a menos de que ya lo piensen, la desconfianza del contratante normalmente se traslada a los resultados y es esa desconfianza, y no la metodología, la que provoca la descalificación.

2. Quien contrata una encuesta puede decidir si un resultado se publica, ése es su derecho, pero si difunde un dato falso, el encuestador tiene derecho a desmentirlo si lo considera necesario y a veces hasta a corregirlo públicamente. El que paga no responde cuestionarios, no procesa los resultados y no puede modificar el reporte.

3. Existe una tendencia a criticar que un político contrate encuestas y pague por ellas, por alguna razón creen que si son gratis las encuestas, son mejores, es como creer que es mejor ir con un doctor, un abogado, un ingeniero o cualquier profesionista que dé servicios gratuitos que con un profesional que dedique 100% de su tiempo a hacer encuestas. En el caso de un político, malo sería si sus acciones las guiara solamente por
lo que le dicen sus asesores o por lo que lee en la opinión publicada, es mejor que escuche a la población a través de las encuestas.

4. Una empresa encuestadora que se preste a alterar resultados a solicitud de un cliente no dura mucho tiempo en el mercado, se le contrata para conocer lo que existe en la población, no para inventarlos.

No hay mejor forma para mantenerse en el mercado que hacerle ver a los clientes que los números de una encuesta pueden estar mal, pero NO es posible alterarlos. Hacer una encuesta para generar datos falsos es tirar el dinero.

5. Una verdad atrás del mito es que quien paga la encuesta es quien aprueba su difusión o quien podría vetarla, de esa manera es raro el caso de quien acepta difundir una encuesta que le es desfavorable habiéndola pagado, lo anterior provoca que “casi todas las encuestas que se publican favorecen a quien las pagó” y eso se traslada equivocadamente a “todas las encuestas favorecen a quien las pagó”, haciendo caso
omiso a la falta de lógica en la conclusión.

6. (Ya platicado en la relación con los medios) en campaña electoral, los medios de comunicación contratan encuestas para dar a conocer el resultado, su utilidad es atraer lectores y audiencia, por ello siempre recomiendo prestar más atención a sus estudios que a aquellos que difunde un partido político y no porque sean mejores, sino porque la intención no es la de hacer propaganda.

7. Todos los encuestadores hemos sufrido alguna “presión” para generar datos al gusto del cliente, a veces esa presión es solamente escuchar sus puntos de vista de cómo deben de salir los datos; a veces nos muestran sus estudios internos tratando de influir y otras veces abiertamente dicen que les convendría uno u otro resultado, pero finalmente la única salida del encuestador para mantenerse como tal es entregarle los resultados aunque no le gusten, ya después si estos resultados se hacen públicos es una decisión de ese cliente.

8. En condiciones normales la inmensa mayoría de las encuestas durante una campaña electoral no se difunde, se usa para generar y para medir los resultados de sus estrategias; normalmente esas que no se conocen coinciden con las que se publican, a pesar de que también por estrategia los candidatos a quienes no favorecen las encuestas públicas afirman tener datos distintos.

Como se ve, la acusación de “el que paga gana” tiene su origen en un atisbo de verdad, ya que a los políticos les gusta ver publicadas encuestas en su favor y el candidato que va adelante generalmente difunde las suyas, pero si el mito fuera cierto habría encuestas favorables a todos los candidatos en una contienda y eso normalmente no pasa, simplemente quien no va adelante mantiene las suyas a nivel privado y quien va adelante busca que sean públicas.

Fuente: Roy Campos

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