Implementando la estrategia

Dueñez*empresaria
Carlos A. Dumois
Tomado del periódico Noroeste.
¿Cuál es el rol del dueño en el aseguramiento de una ejecución efectiva de las estrategias de negocio?
Los expertos afirman que es mejor contar con buenos ejecutores de estrategias mediocres que con malos operadores de estrategias sobresalientes. Algunos se atreven a afirmar que los resultados de una empresa dependen más de la efectividad en la implementación que de la brillantez del diseño estratégico.
En la realidad la creación de valor demanda tanto buenas estrategias como eficaces ejecutores. Hemos hablado mucho de cuál es el papel que ha de jugar un buen dueño en el diseño de las estrategias de generación, multiplicación y captura de valor. Hoy queremos concentrarnos en definir lo que hemos de hacer desde el ámbito de la Dueñez para cerciorarnos que estas estrategias se lleven a cabo eficientemente.
La literatura que describe cómo los ejecutivos implementan sus estrategias es abundante. Después de décadas de una copiosa generación de libros, artículos y cursos sobre temas referentes al diseño de la estrategia, hoy afortunadamente encontramos cada vez más escritos y programas orientados a ayudar a manejar efectivamente la ejecución de la misma.
Los procesos encaminados al buen diseño estratégico son muy diversos y cada uno busca guiar a los dirigentes a desarrollar una visión clara del futuro en terrenos competitivos, tecnológicos, operativos, organizacionales y financieros.
Los distintos métodos que hoy se proponen para amarrar que la estrategia aterrice bien en la operación son más parecidos entre sí, y todos enfatizan cuestiones similares, como la comunicación, los indicadores, el seguimiento, etcétera.
Pero todas esas pistas y guías están enfocadas hacia el quehacer gerencial o directivo. No tienen que ver con el rol que tienen que jugar los dueños en las tareas del diseño e implementación de la estrategia.
La tarea de la Dueñez no puede terminar en definir y transmitir su querencia en forma de mandatos para la dirección de la empresa. Pero sin duda es en esta fase en la que el dueño inicia el aseguramiento de la implementación efectiva.
La querencia personal y familiar de los propietarios tiene que traducirse en una querencia empresarial que se afina y enfoca en cada momento del mercado y del entorno. El dueño precisa criterios estratégicos fundamentales que tienen que ver con el tipo de negocio, el ritmo de crecimiento, las características organizacionales, los niveles de riesgo y muchas cosas más.
Los alcances de la visión de futuro determinarán los tamaños de los líderes que la harán realidad. El dueño que define metas grandes buscará que las consigan gerentes del calibre correspondiente. Es también labor del dueño asegurar que su compañía cuenta con los mejores directivos para operarla.
Al definir y actualizar su querencia empresarial, el buen dueño cuida que los ejecutivos comprendan bien el significado de su mandato. El lenguaje es tan importante como el manejo del contexto; continuamente verifica si se ha comprendido bien tanto lo que quiere como lo que no quiere que haga la empresa.
Los lineamientos de la Dueñez no siempre serán claros y congruentes, y por eso la comunicación continua con el director general y los principales ejecutivos ayuda a madurarlos y aterrizarlos. Mucho del trabajo de definición y diseño en realidad lo hacen ellos, y el dueño lo que aporta aquí es su cuestionamiento creativo, inteligente y visionario. Este cuestionamiento asegura que la querencia empresarial sea vigente y se comparta con los directivos.
Luego de haber asegurado que la querencia es actual y compartida, el trabajo del dueño es saber exigir, saber pedir cuentas, demandando cumplimiento, consistencia y flexibilidad. No es un simple recordatorio cansón que nada aporta al proceso estratégico; es una exigencia que compromete, que es congruente y justa, y que mira hacia adelante con amplia perspectiva.
El dueño necio que no sabe adecuarse a la realidad, que sigue tercamente pidiendo que se mantengan todos en caminos de comprobada ineficacia, sólo ayuda a que los ejecutivos pierdan el ánimo y la creatividad.
En todo el proceso estratégico el dueño necesita actuar con inteligencia y visión. Comunicando, en lenguaje y en contexto, una querencia actual y realista; asegurando su comprensión cabal por los líderes de la organización; cuestionando las propuestas para alinearlas hacia esa querencia; exigiendo y pidiendo cuentas con sentido de negocio y de justicia.

No basta contar con un CEO brillante en la cima y con un buen equipo ejecutivo. Hace falta arriba un dueño que sepa definir y exigir, para que éstos caminen por los senderos estratégicos más convenientes para la empresa.
c_dumois@cedem.com.mx http://www.cedem.com.mx
Carlos A. Dumois es Presidente y Socio Fundador de CEDEM.
* “Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois.

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