Excelente columna: Formalidad en los Negocios por Carlos Dumois


Tomada del periódico Noroeste aquí..
Pueden consultarla todos los viernes.
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Formalidad en los negocios
por Carlos A. Dumois.
20-02-2009

En México decimos que los hombres son feos, fuertes y formales. Pues bien, los empresarios deben ser, en todas partes, formales, correctos y cumplidos.

Me encuentro en el aeropuerto de Culiacán. Llevo aquí varias horas esperando a un empresario a quien vine a ver. Dejé de comer y tomé un vuelo sólo para encontrarme con él. Después de un largo rato he encontrado por fin donde conectarme a la energía para poder seguir escribiendo. Seguramente algo le sucedió a mi cliente, que me dejó plantado, pues siempre ha respondido a sus citas y a su palabra con cabalidad.

La gente de Culiacán suele ser muy cumplida, cosa que no sucede en todos los lugares de nuestro México. Por ejemplo, tristemente debo reconocer que no suele suceder así en mi querida Guadalajara. Si en algo se distinguen los empresarios culichis es justamente en su capacidad de compromiso.

Quiero aprovechar el incidente para reflexionar sobre este importante tema. Los mexicanos en general no tenemos una imagen muy buena en Latinoamérica en estos menesteres. En muchos ambientes piensan que somos incumplidos y poco confiables.
La verdad es que en esto pagan justos por pecadores. Podríamos decir que hay dos Méxicos en cuanto a la formalidad de nuestro comportamiento como empresarios… y como personas. En general los mexicanos del norte son mucho más cumplidos y formales que los del centro y sur. No podemos generalizar, pero sí hay una tendencia dominante en las dos regiones.

Una virtud que destaca entre los empresarios de ciertas regiones del mundo es el valor que le dan a su palabra. Sí la han puesto de por medio al hacer un trato, sin duda respetarán lo acordado. En cambio, en otros lugares ni firmando los convenios más precisos y explícitos responderán conforme a lo hablado.
Son reconocidos en esta capacidad de compromiso los catalanes, en España, los antioqueños de Medellín, en Colombia, y los empresarios de Culiacán y Monterrey, en México.

¿Qué importancia tiene la formalidad en los negocios?
Entre otras acepciones, el diccionario Larousse de la Lengua Española nos dice que formalidad significa “corrección y educación en el comportamiento de una persona”. También aclara que el término quiere decir “seriedad y responsabilidad de una persona en el cumplimiento de sus obligaciones y compromisos”.

Estos significados hablan de la conducta de las personas. Cuando la persona es un líder, como en el caso de un empresario, su falta de corrección y educación, sus carencias de responsabilidad y seriedad pueden afectar de manera grave a su organización. La informalidad personal del empresario en su comportamiento da qué pensar de su incapacidad para venerar compromisos de todo tipo. Una persona informal provoca generalmente desconfianza respecto a su capacidad de cumplir.

La falta de formalidad habla por sí misma; de ahí se deduce la escasa organización de nuestro tiempo, de planeación en nuestras actividades, y por supuesto de la seriedad de nuestros tratos.

Cabe preguntarnos qué tan formales nos consideramos y, sobre todo, qué tan formales nos consideran nuestros colaboradores, clientes, proveedores… Es frecuente ver a empresarios que son muy formales hacia afuera (proveedores, clientes y otros), y muy informales hacia adentro (colaboradores, socios, etcétera).

Respetar las fechas de pago, llegar a tiempo a las citas, hacer nuestra parte del trato, hacer realidad lo prometido a los colaboradores, no ofrecer lo que no tenemos seguridad de cumplir, acatar cabalmente la política del Consejo de Administración… ¡Cuántos momentos para ser formales!

Ser informales nos degrada como hombres de empresa, nos baja de categoría, nos ubica en las ligas menores. No podemos aspirar a competir globalmente si ni siquiera sabemos ser formales.

En una cultura empresarial global, en la que se valora la formalidad, incumplir es equivalente a demostrar desprecio por la otra persona, por su tiempo y sus intereses, y se puede considerar hasta un insulto.

Es claro que solemos tratar más formalmente lo que más nos interesa. Lo que no se vale es despreciar lo que al otro le interesa; y por eso no se debe incumplir sin avisar. Si no vamos a honrar lo convenido, comuniquémonos a tiempo para deshacerlo.

La formalidad se construye por el esfuerzo de hacer valederos nuestros compromisos. Ésta es la disciplina de estar siempre a tiempo, de respetar nuestras obligaciones, de convertirnos en personas de fiar.

Para ser formales primero debemos tener conciencia de que toda persona, evento, reunión, actividad o cita tiene un grado particular de importancia. Nuestra palabra debería ser sinónimo de garantía de cumplimiento. Decidamos si queremos que nuestra palabra tenga valor.

c_dumois@cedem.com.mx
Carlos A. Dumois es Presidente y Socio Fundador de CEDEM. Empresarios en crecimiento.

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