Espacios Públicos en Culiacán: ¿Por qué la gente no va al parque?

Por Alejandro Sánchez

Publycom Marcas

En Culiacán, la oferta de espacios públicos es cada vez mayor y de mejor calidad. Tenemos el Jardín Botánico, un espacio natural de clase mundial con bellos andadores y especies de plantas de todo el mundo; el Parque Las Riberas, que a lo largo de los dos ríos ofrece amplios espacios verdes, ciclopista, secciones de aventura, áreas de picnic y juegos infantiles; el Parque Constitución, con áreas deportivas restauradas recientemente y con un Zoológico que actualmente se encuentra en remodelación; el Parque EME (antes Parque 87), con amplios espacios deportivos y recreativos; así como muchos parques y centros de barrio que han sido recientemente rehabilitados o que están en construcción.

El resultado del esfuerzo de la iniciativa privada, de los ciudadanos y del gobierno en este renglón está al alcance y al disfrute de todos. Realmente es un lujo pasear por los andadores del Jardín Botánico o disfrutar un atardecer en el Parque Las Riberas.

Dice el ex alcalde de Bogotá, Enrique Peñaloza, que la existencia de abundantes espacios públicos (parques, plazas, ciclovías, grandes banquetas) en una ciudad, constituye uno de los mejores estimulantes de la calidad de vida de los ciudadanos.

Según Peñaloza, los espacios públicos son también ecualizadores sociales altamente eficientes. En una ciudad con pocos espacios públicos de calidad, las clases altas de todas maneras tienen la posibilidad de pasar sus fines de semana y momentos de esparcimiento fuera de la ciudad y en clubes deportivos o sociales privados. Las clases medias también tienen acceso, aunque más limitado, a algunas fuentes de entretenimiento y esparcimiento relativamente económicas como el cine, las plazas comerciales y la ocasional salida a la playa. En realidad, son los niveles socioeconómicos más bajos quienes la pagan, ya que sus alternativas se reducen a permanecer encerrados en casa viendo la televisión. En los lugares donde abundan los parques y las áreas comunes, toda la sociedad tiene la oportunidad de convivir en los mismos espacios.

Llama fuertemente la atención que en Culiacán, el flujo de personas que reciben los espacios públicos está muy por debajo de su capacidad instalada. Incluso en sus momentos de mayor tráfico, los sitios podrían ser disfrutados por más gente.

Es evidente que el simple hecho de que estos lugares ahora estén ahí, no es suficiente para revertir una añeja cultura de sedentarismo y de pocas opciones de esparcimiento. No es tan fácil que la gente deje su afición por sábado gigante, por Forum, por el Jack o por unas caguamas.

Es necesario ahora desplegar un movimiento de cambio cultural, una campaña en varios niveles que invite a los ciudadanos a que comencemos a disfrutar de estos espacios de manera cotidiana, a que los hagamos nuestros. La sociedad de Culiacán debe sentirse orgullosa de sus espacios públicos y debe ser bien visto aquel que los disfruta y los cuida.

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