El Mundial de Sudáfrica: ¿sueño o pesadilla?

Tomada de Milenio.
Escuela de Negocios.
IE Business School.

Vivimos en una época con hambre de eventos. ¿Por qué? El origen de esta demanda creciente quizás hay que buscarlo en lo que se ha dado en denominar como “efecto Barcelona”. Una ciudad industrial en declive con una posición débil dentro del sistema de jerarquías territoriales consigue convertirse en una ciudad de servicios y turismo de primera línea mundial, gracias al impacto sobre su marca de un ambicioso proyecto de regeneración urbana que tuvo como coartada y ventana al mundo la celebración de los Juegos Olímpicos. Pero también los fanfests jugaron un papel clave en la Copa Mundial de Futbol de 2006.

Estos eventos gratuitos al aire libre para la transmisión de los partidos generaron un gran ambiente festivo, logrando uno de los éxitos más importantes de toda la organización del torneo y cambiando para siempre nuestra percepción de Alemania como país serio y aburrido. De hecho, el Comité Organizador de la Copa Mundial de Futbol de 2010 ha anunciado que repetirá la experiencia.

Reforzar exponencialmente la presencia en medios de un territorio desde la fortísima cobertura que supone un megaevento y proyectar una imagen moderna, reinventada y actualizada generan el ansiado “efecto pulsar”: situar al país en una nueva senda de crecimiento más acelerada y más terciarizada con los consiguientes efectos positivos sobre la atracción de talento, inversión y visitantes, pero ¿funcionará para África?

Las Olimpiadas de Atenas estuvieron a punto de provocar la bancarrota del país y nuestras ciudades están llenas de proyectos estrellas que se convirtieron en elefantes blancos: en desarrollos fallidos que no consiguieron el efecto pulsar, sino que simplemente supusieron desviar recursos a un fin prometedor pero baldío. Los antecedentes respecto al Mundial de Sudáfrica no son muy halagüeños. En primer lugar, África tiene una larga tradición en precipitarse por el abismo aplicando en carne propia fórmulas que funcionaron en entornos muy distintos y distantes. En segundo lugar, ha habido demasiadas dudas hasta demasiado tarde respecto a la solidez organizativa de Sudáfrica. La apuesta es sin duda sumamente arriesgada.

Seguramente el Mundial de Sudáfrica supondrá que lo mejor del país anfitrion encuentre un escaparate global y que se genere una dinámica positiva de autoestima proyectada. Pero también tendremos ocasión de presenciar cómo la globalización nos muestra la verdadera realidad del continente. Crucemos los dedos.

Gildo Seisdedos.

Director del Foro de Gestión Urbana IE Business School

gildo.seisdedos@ie.edu

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