El adiós de un genio.

Diferente. La palabra que describe a Steve Paul Jobs, fundador de Apple. Su impacto en el mundo de la tecnología, innegable. Años de lucha, de no perder la fe, de saber recuperarse de los ladrillazos en la cabeza y amar su trabajo terminaron ayer.
“Nos entristece profundamente anunciar que Steve Jobs falleció hoy”,  fue lo único que dijo la empresa que creó en 1976, junto a su amigo Steve Wozniak, en un escueto comunicado.
“La brillantez, la pasión y la energía de Steve fueron la fuente de incontables innovaciones que enriquecen y mejoran todas nuestras vidas. El mundo es inconmensurablemente mejor debido a Steve”.
Jobs, quien se despidió ayer a los 56 años de edad, sufrió de cáncer de páncreas desde 2004 y recibió un trasplante de hígado a comienzos de 2009. No logró recuperarse.
Ayer, justo un día después de que su sucesor como presidente ejecutivo y director general en Apple, Tim Cook, presentara una versión más del iPhone, que tantos exitos sumó a la compañía, se apagó su magia.
Pionero y revolucionario, calificativos que se ganó con el tiempo. La industria de la música, los teléfonos inteligentes y las computadoras le guardan desde ayer un espacio que difícilmente alguien podrá llenar.
Steve Jobs había renunciado el pasado 24 de agosto a la presidencia y dirección general de Apple. A través de un correo electrónico comunicó a sus empleados que él había dicho que cuando ya no pudiera desempeñar eficientemente su trabajo, prefería dejarlo.
“Siempre he dicho que si llegaba el día en el que no podría hacer frente a mis obligaciones en Apple como consejero delegado, sería el primero en hacérselos saber. Ese día llegó”, señaló al presentar su carta de renuncia.
Su legado no se apagará mientras exista un iPhone, iPad, iPod o computadora Mac disponible en el mercado o cuando se vean esos audífonos blancos en las orejas de algún usuario.

Visionario

El fundador de Apple fue uno de esos personajes visionarios que cambian, inspiran y transforman a generaciones enteras.
La constante en la visión de Jobs fue el perfeccionamiento y la intuición de una experiencia de consumo perfecta. Por ello es que podía supervisar desde la última coma de un comunicado de prensa hasta la versatilidad de la pantalla de un iPad.
Su visión se sostenía en la certeza de que la tecnología tiene que ser amigable y seductora para los usuarios, el diseño en los dispositivos de Apple es indivisible de su funcionalidad.
También estaba marcada por la certeza de que los equipos de trabajo grandes generan burocracia, por lo cual siempre articuló equipos pequeños y muy talentosos para desarrollar sus productos.
La visión de Steve Jobs implicó la constante de romper paradigmas como método de trabajo cotidiano.
La certeza de que se pueden materializar las aspiraciones a través de la tecnología como agente de cambio.
Otra de sus percepciones  se fundó en la premisa de la sencillez, sin sacrificar la sofisticación tecnológica.
Nunca perdió el toque sorprendente de la innovación.
Jobs no dejaba cabos sueltos en cada proyecto, por lo que cada lanzamiento de un producto, resultaba ser exitoso.
Le gustaba superar cada uno de sus planes, evolucionar sus creaciones y darle a sus clientes una parte de su visión, pero en un producto físico que le ayudará a tener experiencias que los cautivara.
Eso es lo que lo convirtió en un genio de los negocios.

Empresario

Steve Jobs comenzó su negocio con una idea: ser el mejor. En 1976, el joven de 20 años vendió su auto y de la mano de su amigo de la infancia, Steve Wozniak, emprendió la búsqueda del éxito con su propia empresa bajo el nombre de Apple Computer, fundada con 250 mil dólares, misma que 35 años después se convertiría en la firma más sólida del mundo tecnológico.
Hoy esa pequeña compañía que inició en el garage de sus padres tiene un valor de 350 mil 672  millones de dólares, según el costo de sus acciones al 5 de octubre.
La arista emprendedora de Jobs se materializó desde el lanzamiento de la primera computadora personal, en julio de 1976, misma que afianzó el reconocimiento de Apple, y antecedió a Apple II, de 1977, que estableció el inicio de una línea propia de productos. Dicha fijación por ahondar en distintos canales del mercado tecnológico, fue también la causa de su ausencia obligada en su propio negocio. Lo corrieron en 1985.
Según Jobs, este periodo, fue el más creativo de su vida, pues lo obligó a emprender y a formar un par de compañías muy exitosas: Next y Pixar.
Tras dejar Apple por 12 años, tiempo en que la firma bajó su rendimiento de innovación, sus colegas compraron Next, firma también de Jobs, con lo que lo convencieron de volver… y lo hizo, con una carta innovadora: iMac lanzada el 6 de mayo de 1998.
Al lanzamiento de la computadora personal, iMac, le siguieron iPod, iPhone e iPad. Un ejemplo del potencial que tenía como empresario, se refleja en su tablet más reciente, iPad 2, de las que se han vendido más de diez millones de unidades.
El hombre

Nacido en San Francisco y puesto en adopción a muy corta edad con una familia de California, que prometió  que Steve iría a la universidad como condición para convertirse en sus padres. Sin embargo, eso no condicionó al creador de Apple, quien siempre vivió bajo sus reglas.
Detrás del genio empresarial, no existió un título universitario o el respaldo de credenciales.
Jobs dejó la universidad después de un semestre, rompiendo la promesa hecha a su madre biológica, decisión que dijo “fue la mejor de mi vida”, pues el motor de su trayectoria  personal se basó en encontrar lo que realmente le apasionaba.
Incluso, tomó varias decisiones que consideró importantes en su vida, como convertirse  en budista.
Enfocó sus intereses, y con base en la prueba y el error, descubrió y mejoró sus ideas tecnológicas y empresariales a lo largo de su vida.
A pesar de su perfeccionamiento continuo, el amor por su familia lo hizo crecer y mejorar como persona.
Fue su esposa, Lorraine, y sus hijos por quienes venció distintos obstáculos, aunque fue sólo uno el que lo detuvo en los últimos meses y lo fue minando al punto de alejarlo de su labor de presidir la compañía tecnológica más grande del mundo: el cáncer pancreático que le fue detectado en 2004.
Fue un hombre trabajador que tenía pocas amistades profundas.
Una de ellas fue la que tuvo con su amigo y socio, Steve Wozniak, con quien fundó Apple.
Años más tarde, después de tener una fuerte rivalidad con Bill Gates, el fundador de Microsoft, decidió hacer una tregua con su competidor y formaron una buena amistad.
Personalidades de la industria tecnológica que lo llegaron a conocer coinciden en que era un excelente maestro y un excelente escucha.

Filias y fobias

Steve Jobs no era un hombre que persiguiera el éxito como meta. Lo marcaba la esencia de las cosas, como su gusto por los caracteres, que le fincó una especial atracción por la tipografía, causante del diseño de los productos de Apple y la sed de innovación.
Vivió bajo la bandera de la inconformidad, dijo no al dogma ni a pasar el tiempo viviendo en lo que definió como “normalidad”.
“La vida es corta, así que no hay que pasarla viviendo la vida de alguien más”, dijo Jobs.
Sin embargo, los que laboraron a su lado y sus seres cercanos dijeron que a la par de su visionaria mente existió también su obstinada perfección, por lo que supervisaba todos y cada uno de los movimientos de la firma y sus productos.
Ésta era una de sus principales filias, la perfección.
Tal vez fue este tema el que inspiró a millones, bajo su propio dogma de tratar de ser el mejor.
Amante de la música de The Beatles, Jobs logró que los discos digitales sólo se vendieran en su tienda iTunes.
En cada Keynote, después de conseguir este contrato, ponía las canciones del famoso quinteto de Liverpool.
Una de sus principales fobias eran el conformismo y la ineptitud de sus trabajadores, que a veces lo llevaba a ser brutal y sumamente controlador con sus colaboradores.
Según algunos amigos, al parecer le tenía fobia a los muebles, pues durante su juventud su casa estaba casi vacía.
Fue hasta después de que se casó que tuvo que resignarse a tener un hogar con todo lo indispensable para la comodidad de su familia.
Jobs era vegetariano, no gustaba de la carne y muchos de sus amigos decían que tenía recetas algo disparatadas cuando cocinaba.

Una noche fría en NY

Times Square se vistió ayer de luto. Las pantallas de esta famosa calle acapararon miradas y ocasionaron sorpresa y lágrimas entre los neoyorquinos que, aproximadamente a las ocho y cuarto de la noche, escuchaban y leían con el rostro iluminado la noticia del deceso del fundador de Apple, Steve Jobs.
La gente se detuvo un instante y el tráfico quedó en el olvido.
Un murmullo de incredulidad entre los asistentes a esta plaza, y decenas de rostros con la vista fuera de sí.
“Steve Jobs, creador del iPhone e iPad, y ex presidente de Apple, murió hoy (ayer) a los 56 años de edad, después de una larga batalla de casi siete años contra el cáncer de páncreas”, podía leerse en las pantallas.
Christine Campbell, que trabaja cerca de Times Square, estaba viendo el tablero de la agencia de noticias Reuters, sobre Broadway, cuando se llevó la mano a la boca queriendo apagar su sorpresa.
“¿Steve Jobs murió? ¿Será broma?”.
Carlos Molina, un ecuatoriano que trabaja en Morgan Stanley, llamó a su casa para avisar de la noticia, que al parecer estaba siendo confirmada por la familia de Jobs.
“Diana, prende el televisor y dime si es cierto lo que acabo de leer, que murió Steve Jobs”, dijo por la bocina de su iPhone.
“Fue un visionario, un patriota, un verdadero revolucionario de la tecnología”, comentaron Seth Ross (estadunidense) y Consuelo Rodríguez (puertorriqueña), que se encontraban –como muchos otros– mirando las noticias en el cruce de Broadway y la Séptima Avenida, en el corazón de Manhattan.
“Es una lástima, realmente se le va a extrañar”, dijo Gary Peters, empleado del Chase Manhattan Bank, quien bajó el rostro después de escuchar la noticia.
Pero al parecer no todos sabían quién era Steve Jobs.
Pedro Ángeles, un mexicano oriundo de Puebla y quien tiene un puesto callejero de tortas y tacos mexicanos comentó: “¿Quién era ese señor?”.
Cuando se le dijo que era el inventor del iPad, como el que él llevaba, sólo dijo, “no tuve el gusto de conocerlo, ¿De qué murió?”
Bastaron cinco minutos para que la gente que transitaba por las principales calles de Nueva York conocieran la noticia de la muerte de Steve Jobs y tuvieran un tema en común de que hablar la noche de ayer.

 

 

 

 

 

Via: Excelsior

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