Debilidad del consejo por Carlos Dumois


Sorry, no ha habido mucho tiempo estos dos días, los dejo con esta agradable lectura.
Link a artículo, se los recomiendo mucho.

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Dueñez*Empresaria
Carlos A. Dumois.
22-05-2009

Una organización sin dueño es como un perro sin dueño, agarra monte y pierde rumbo, y se le pega al primer hueso que se encuentra.

Estudiando a los expertos en Gobierno Corporativo de los Estados Unidos me encontré con uno de los más famosos, que planteaba un modo de empoderar al Consejo de Administración. Lo que me llamó la atención es que no se trataba de un enfoque de cómo los dueños podían reforzar la efectividad de su Consejo. No, esta vez hablaba de cómo el CEO o Director General de la compañía, desde su posición de cabeza de la operación del negocio, podría incrementar la autonomía y la contribución del Consejo de Administración.

Me sonó al pato tirándole a las escopetas. A ese grado están distorsionados y confundidos los roles en la industria norteamericana. El dueño o los dueños son considerados un grupo de interés más, a quienes la gerencia tiene que alinear, con quienes tiene que negociar, entre quienes tiene que encontrar caminos de conciliación.
El dueño es, así considerado en este proceso de conciliación, como uno más, igual que los obreros, sindicatos, proveedores, distribuidores, bancos y clientes.

Nosotros creemos que poner al dueño como uno más de los “stakeholders”, o sea, de los grupos de interés que participan en el rejuego de la economía de la empresa, es gran parte del problema de la empresa norteamericana. El dueño no representa un grupo de interés más; el dueño es el juez, el árbitro, el que maneja el pastel completo y dispone de él para crear riqueza para todos. Ésa es su responsabilidad, y nadie puede suplirlo y hacerlo mejor.

Es al rol de dueño al que le corresponde administrar la distribución de cada parte del fruto del rendimiento económico de acuerdo con las aportaciones de cada uno de los grupos de interés. Sólo si el dueño gobierna la negociación del proceso del reparto económico puede la empresa lograr su cometido en términos de creación de riqueza para todos.

Uno de los más reconocidos autores en el tema de Viraje Corporativo afirma que la corporación moderna no tiene dueños, en el sentido tradicional. En su lugar, sobreviene un conjunto de contratos interrelacionados entre los distintos grupos de interés: accionistas, acreedores, empleados, clientes, gerentes, proveedores y distribuidores.

Estos grupos ganan un incentivo común con el éxito de la compañía. Pero los conflictos de intereses pueden también surgir entre los interesados, como en el caso de tiempos de estrechez financiera. ¿Cómo se distribuyen los recursos cuando escasean, y cómo el estira y afloja de la negociación afecta la estrategia económico-financiera de la compañía?

Es evidente que el modelo de la Dueñez ausente ha distorsionado el manejo del Gobierno Corporativo en los Estados Unidos. Y les estamos heredando a ellos sus graves omisiones sin cuestionarlas, sin ver si se aplican a nuestra cultura y forma de ser.

A mi concuño se lo jalaron de una corporación americana a vivir a Massachusetts para manejar una compañía de un grupo de allá. Ha aprendido mucho. Se ha convertido en un director de primer nivel. Me ha compartido su frustración al ver cómo los miembros de la alta dirección están dedicando la mayor parte de su energía en años recientes a lograr vender la empresa.

Los ejecutivos del siguiente nivel han luchado por mantener a flote la compañía, para encontrarse con que sus jefes andan polarizados en vender la empresa. Esta postura surge de que estos altos directivos tienen un convenio paracaídas muy jugoso, que se aplica en el caso de que la compañía se venda. Si la corporación es vendida ellos recibirán millones de dólares de “premio”.

No les importa cómo va el día a día ni sus resultados. Esos asuntos se han vuelto secundarios; la prioridad es encontrar comprador para la compañía. El grupo está perdiendo valor y oportunidades de crecimiento ante los complacientes ojos de los miembros del Consejo, ante la inmovilidad de los accionistas y ante la indiferencia de los miembros de la alta dirección.

Es obvio que no están cumpliendo su tarea estos altos ejecutivos. La pregunta es dónde está el Consejo de Administración de esa firma, que debería proteger los intereses de los accionistas. Está prácticamente pintado en la pared, coludido con la alta gerencia y jugando un papel de avalar sus decisiones. Estos consejos son comparsa que poco o ningún valor le aportan a los accionistas.

La naturaleza del Consejo es representar y complementar a los accionistas, y especialmente representarlos en el ejercicio del rol de Dueño. Los accionistas no son un grupo de interés más. No juegan ellos su papel al lado de todos los demás, ni luchan por conciliar una posición para mantener sus propuestas.

El Consejo no debe ser fortalecido por directivos que quieren cumplir con nuevas reglamentaciones. El Consejo no requiere que le digan cuáles son sus responsabilidades.

El Consejo no necesita que le den más poder para poder cumplir con su cometido. El Consejo no pelea por sus derechos ante los demás grupos de interés.

Es el rol de Dueño el que necesita ser revaluado. La atomización del poder entre millones de accionistas, y la pérdida del poder de los socios minoritarios en negocios familiares, ha causado que el rol de Dueño se pierda.

Los accionistas le delegan al Consejo el gobierno de la corporación y el ejercicio del rol de Dueño. Si el Dueño juega su papel con debilidad, el Consejo será débil. Si los accionistas aprenden a compartir la Dueñez, recuperarán su poder y se lo transferirán al Consejo.

El camino es aprender a compartir la Dueñez.

c_dumois@cedem.com.mx
http://www.cedem.com.mx

Carlos A. Dumois es Presidente y Socio Fundador de CEDEM.

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