Columna Carlos Dumois: ¿Cuánto valgo yo?

Cada que se puede, publico esta excelente columna de dirección empresarial, marketing y management.
Tomada en el link que publico de noroeste.com.mx
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¿Cuánto valgo yo?

Empresarios en Crecimiento
Carlos A. Dumois.
13-02-2009

Valen las empresas y valen las personas. Si no valemos como personas no podremos hacer valer nuestras empresas en crisis como la presente.

La crisis acelera el paso y se profundiza. Analistas y empresarios advierten su gravedad. Nuestro gobierno quisiera convencernos de que no será tan severa, pero veremos caer más los mercados y deteriorarse nuestra economía; quebrarán muchas empresas y tendremos a millones de desempleados… en todo el mundo.

Los gobiernos se preparan, los bancos se blindan, las empresas toman sus precauciones. Nuestra firma se dedica a ayudar a los empresarios a ser mejores dueños y a crear valor en sus negocios. Este quehacer implica monitorear continuamente cómo evoluciona el valor de cada empresa, identificar los factores que lo impulsan e inhiben, y descubrir e implementar grandes jugadas que lo detonen.

Los bancos más grandes del mundo han perdido valor por más de un trillón de dólares (bueno, un millón de millones). ¡Pero cuidado!, nuestro experto en Métrica de Valor atinadamente nos aclara que esos datos hablan del valor de los bancos partiendo de la cotización de sus acciones en Bolsa. En realidad, algunos de esos bancos valen mucho más.

Pasada la desconfianza, esas acciones en Bolsa volverán a subir cuando se vea cómo está realmente cada banco. Una cosa es el valor de una empresa por como la ven en ese momento (cotización en la Bolsa), y otra cosa es su valor intrínseco por su capacidad de generar utilidades y crear riqueza.

Esa distinción me hizo pensar también en el valor real de las personas. Cuando los financieros averiguan sobre un nuevo cliente, preguntan… ¿cuánto vale esa persona? Y la respuesta se mide en millones de pesos o dólares. El sueldo, el patrimonio, los activos, dan un indicio de lo que representa una persona en términos económicos. Pero eso no es el valor real de una persona.

Hace unos días nos enteramos del suicidio del magnate alemán Adolf Merckle, uno de los hombres más ricos de su país. Las ventas del imperio, controlado por su holding familiar, VEM Vermogersbergwaltung Gmbh, oscilan entre 30,000 y 40,000 millones de euros. El patrimonio familiar de Merckle superaba hasta hace poco los 7,000 millones de euros. En dólares esas cifras por hoy son mayores, dependiendo de la paridad cambiante de dichas monedas.

Bernard Maddof no pudo enfrentar el desfalco que había montado manejando irresponsablemente fondos ajenos. Merckle no pudo soportar perder el control del emporio creado durante toda una vida de trabajo.
Es más importante lo que logró hacer Merckle, que lo que valía financieramente, o que lo perdió. Es más valioso lo que hizo Maddof de bueno durante su vida previa, que lo que perdió por avaricia e imprudencia en estos últimos años. ¿Por qué no le damos importancia a lo que valen Merckle y Maddof como personas?

Son más importantes ellos dos, como personas, que sus patrimonios y lo que representan. Lo que uno hace es más importante que lo que uno tiene; y lo que uno es, es más importante que lo que uno hace.

Y nosotros… ¿qué vamos a hacer? ¿Cuál es nuestra posición ante la crisis? ¿Cómo nos ha pegado? ¿Nos vamos a rendir? Debemos pensarlo bien.

Tenemos que hacer cambios y buscar nuestro mejor camino ante las nuevas circunstancias. Tal vez tendremos que reinventarnos.

¿Cómo puedo revaluarme? Esta crisis debe permitirnos crecer en valor. No podemos permitir que la adversidad nos devalúe. No podemos permitirnos perder la oportunidad de reencontrar para qué somos buenos, de demostrar lo que podemos y de lograr avances significativos en nosotros mismos.

¿Cuáles son mis valores? ¿Ante quién valgo yo, quién me tasa, quién mide mi valor? Son los valuadores o las calificadoras quienes me valúan. En realidad, sólo Dios puede valorarme. No hay poder humano capaz de hacerlo.

Yo puedo intentarlo con una reflexión, yo sólo ante Él y ante mí mismo, cuestionándome si he crecido en lo personal, si he ganado en el proceso de integración a los que tengo que integrarme, si los conozco mejor, si avanzo en mi relación con ellos; y por último, pero no menos importante, si estoy más comprometido, si tengo claro dónde estoy y adónde tengo que llegar, y qué cosas debo hacer para llegar hasta allá.

Las empresas valen por su potencial confiable, creíble, de crear riqueza económica. Las personas valen por su potencial de crear riqueza humana. La primera hay que medirla con precisión y administrarla con cordura y diligencia. La segunda hay que gestionarla con seriedad y capacidad de reflexión. El que crea riqueza económica es un empresario de verdad. Quien crea riqueza humana es un hombre o mujer cabal.

Nosotros estamos ayudando a nuestros clientes a trazar metas de valor en este difícil año, 2009. Debemos ayudarlos también a trazar objetivos de crecimiento personal en esta época llena de retos y oportunidades.

Éstos son tiempos en los que demostramos de qué estamos hechos, y si somos capaces de extraer de nuestro repertorio lo mejor de nosotros mismos para capitalizar talentos y así poder responder a los desafíos y amenazas de la situación que estamos viviendo en el mundo.

c_dumois@cedem.com.mx
Carlos A. Dumois es Presidente y Socio Fundador de CEDEM.

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