¿Cómo avanzar hacia una ética plena?

Tomado de Noroeste.
Dueñez*Empresaria
Carlos A. Dumois
19-03-2010

Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre.

En un artículo anterior escrito en este mismo periódico, ¿Ética plena, o sólo una infraética?, mencioné y cité la opinión del Asesor Ético de nuestra Firma, Dr. Paulino Quevedo, de que la humanidad ha venido viviendo sólo una infraética debido a que otorga la dignidad y los derechos humanos al dinero, y no tanto a la persona. Y también que nos propone a los empresarios la oportunidad de ser los que resolvamos este problema histórico.

La postura de Quevedo es radical, propia de un filósofo; más no por eso deja de tener algo o mucho de verdad. Al menos así lo veo yo. La ética plena no mira por el bien de unos cuantos privilegiados, sino por el bien del hombre -varón o mujer-, y se refiere a la bondad o maldad de todos los actos humanos, a la conciencia, a la vida completa, a la muerte y a Dios. Otro tipo de ética será siempre una infraética.

A los empresarios nos gusta hablar, más bien, de códigos de ética. Si revisamos muchos de esos códigos encontraremos que en gran parte son una especie de manuales de buenas costumbres del ámbito empresarial, para vivirse entre empresarios, accionistas, colaboradores, clientes, proveedores, bancos, etcétera. Más en ellos no parece ser de gran importancia que anualmente unos 9 millones de personas mueran de hambre en el mundo.

Lo dicho en esos códigos de ética suele estar bien, e incluso muy bien, pero en ellos se nota una falta de profundidad ética, de verdadero humanismo, de auténtica preocupación por la familia humana. Parecen códigos escritos principalmente para el beneficio de las buenas relaciones entre empresarios, o sea, para el beneficio de algunos seres humanos privilegiados. Lo cual se comprueba al ver el estilo de vida que solemos llevar, mientras otros carecen de lo necesario.

Quiero citar lo dicho por Quevedo en el artículo Clinton tenía razón, de enero de 2001, donde comenta lo dicho por Bill Clinton en el Foro Económico Mundial de Davos del año 2000. Ahí Clinton dijo que la globalización es necesaria y conveniente, pero que el mercado global no puede ser absolutamente libre, sino que ¡debe tener reglas! En dicho artículo Quevedo escribió lo siguiente:

“La codicia y el egoísmo humanos han sido la mecha de las grandes sublevaciones y revoluciones. En la historia reciente la codicia capitalista ha sido la mecha del comunismo, que se desarrolló en Rusia, aunque con ideologías alemanas: Hegel, Engels, Marx. Y luego desde Rusia se extendió a otras naciones. Si no frenamos la codicia capitalista hoy, encenderemos la mecha de algo que será como un “comunismo” nacido con carácter global. No sabemos los horrores que pueda traernos algo así. Debemos aprender de las lecciones de la historia y empezar a vivir de un modo altruista, menos egoísta, más austero, pensando primero en los otros, que eso es amar. La advertencia cristiana sigue siendo actual: ¡no podemos servir a Dios y a las riquezas!”.

Esos horrores globales parecen haberse concretado en el terrorismo fuerte y sistemático, iniciado diez meses después, con el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. El terrorismo sistemático -¡injustificable!- parece ser el único contraataque posible para grupos extremistas que se sienten oprimidos por las naciones económicamente poderosas.

Ciertamente el terrorismo es injustificable, pero nosotros no debemos dar pie a lo injustificable. No debemos oprimir a los de abajo. No debemos derrochar los bienes comunes a todos, al menos conforme al divino y universal destino de los bienes.

Ni la ética plena debe inhibir los avances de la ética empresarial desarrollada por nosotros los empresarios; pero nuestros desarrollos deben estar enmarcados dentro de los límites de la ética plena. Se trata de algo difícil; más precisamente por ello debemos intentarlo, ayudados por un fecundo diálogo entre filósofos y empresarios.

Sin duda hay que defendernos del terrorismo. Pero parece que, más que hacerle la guerra al terrorismo, hay que ir apagando los motivos que sublevan a los terroristas. Las armas químicas y biológicas hoy están al alcance de muchos, e incluso las nucleares. Y no perdamos de vista que algún terrorista puede ser un compatriota. Es mejor buscar los caminos del diálogo, del buen entendimiento y de la paz.

Me parece que toda esta problemática se reduce a lo siguiente. Hoy lo establecido es la economía del dinero; y de hecho no podemos salirnos de ella; y tal vez no queramos hacerlo. Si seguimos acríticamente estos lineamientos capitalistas, nunca saldremos de la enfermedad infraética. De otra parte, si queremos romper abruptamente con lo establecido, el remedio puede resultar peor que la enfermedad. No podemos iniciar nuestra propia auto-contra-revolución económica.

Todo indica que la solución sea ni tan tan, ni muy muy: ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre. Lo propio de nosotros, los empresarios, será siempre crear riqueza; pero debemos procurar que esa riqueza vaya llegando a todos, y lo más pronto que sea posible. Eso es lo difícil. ¡Y ése es el reto!

c_dumois@cedem.com.mx
http://www.cedem.com.mx

Carlos A. Dumois es Presidente y Socio Fundador de CEDEM.
* “Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Scroll to Top