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Las próximas elecciones para elegir presidente en Estados Unidos, han provocado una serie de estudios y análisis de expertos sobre el uso de los medios por parte de los políticos para lograr diferentes objetivos: electorales, de imagen personal y diferentes causas políticas o sociales.

La “carrera” de Donald Trump como estrella de un reality, además de otros factores, le ha ayudado a ser candidato por el Partido Republicano a la presidencia. Trump no es el único que ha sacado provecho de un correcto uso de los medios para su beneficio personal y político. Ronald Reagan siendo actor, fue un experto en el manejo de su imagen en televisión.

Reagan aprovecho toda su experiencia como actor para interpretar su papel de presidente y cabildear para diferentes proyectos de su gobierno, como la famosa estrategia de defensa llamada “Star Wars”, igual que la legendaria saga de George Lucas. Un título ideal en términos de marketing político.

El caso Irán-Contras fue otra situación difícil de su gobierno que Reagan manejó de manera correcta adoptando el rol de “protector de la nación y de todos sus ciudadanos”.  Reagan antes y después de sus apariciones en televisión nacional, interpretaba el papel de presidente en la vida real igual o mejor que Obama, otro experto en el manejo de los medios.

Reagan sonreía, caminaba despacio después de bajarse del helicóptero y justo antes de subirse al auto o entrar en la Casa Blanca, volteaba a las cámaras y sonreía, saludando a todos. Lo mismo hacía en cualquier discurso en televisión. Una broma por aquí, otra por allá, sonrisas y una imagen que transmitía seguridad.

La manera de conducirse en la televisión, cubrió muchas de sus deficiencias como político.

Barack Obama ha sido otro presidente con un gran manejo de los medios. La diferencia es que Obama no es actor como lo fue Reagan. Aún así, Obama ha aparecido en talk shows haciendo chistes como el de Jimmy Fallon y ha dado discursos cómicos como ningún otro presidente.

También ha mostrado la otra cara. En su discurso a principios de año, sobre la regulación de armas, Obama no hizo ninguna propuesta radical como derogar la ley que permite el uso de armas. Se limitó a señalar los hechos mediante datos duros y después lloró. Hubo críticas inmediatas por haber mostrado esos sentimientos ante todo mundo. La mayoría de sus críticos señalaron que todo eso fue actuado y que no era real. La verdad es que al parecer si lo fue. No hubo ninguna actuación y aún así fue criticado.

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Trump por otro lado, ha llevado sus actuaciones reales o no a su campaña, que ha sido una especie de nueva temporada de su reality show. El no ha sido perjudicado, sino tal vez lo contrario. El que ha sacado la peor parte aquí ha sido el Partido Republicano.

Algunos analistas señalan que la administración y el estilo de Obama, han provocado el fenómeno Trump, junto con otras razones. Puede ser cierto, pero solo si se refieren a la reacción natural en contra del primer presidente afro-americano en la historia de los Estados Unidos. No tanto en el manejo y su presencia en los medios, en especial la televisión.

Obama mantiene un estilo personal pero a la vez clásico. Trump en cambio es un producto de la cultura de los reality shows.

Hay varios críticos que señalan que Trump, en el fondo, no quiere ser presidente. Dicen siempre ha sabido lo tedioso y lo difícil del puesto. Que su objetivo siempre ha sido ser una estrella de TV para su beneficio personal. Un showman cada noche, en lugar se serlo una vez a la semana. Que utiliza la televisión para despotricar contra el presidente, los políticos y demás. Lo interesante es que todo eso, le ha servido para llegar a donde está.

He aquí tres ejemplos de branding personal y marketing político de dos presidentes y un candidato. Tres personalidades y maneras de usar los medios para diferentes causas.  ¿Con cuál se queda usted?

Por Fernando Fuentevilla y Alejandro Rico.