Continuo con más del tema de errores más comunes en el desarrollo de nombres de marcas. Esta es la parte #3.

9. No darse el tiempo suficiente para estudiar y digerir los nombres. Cuando se tiene prisa o el proyecto lo requiere, uno busca la solución inmediata. A los nombres hay que darles su tiempo. Leerlos con paciencia, decirlos en voz alta, repetirlos, pensarlos y digerirlos. Es más productivo darle su tiempo a ese proceso que descartar desde el inicio. Haciendo esto descubres el potencial de tus propuestas.

10. No tener una idea clara de lo que se quiere. En nuestra experiencia, es mucho más productivo que el cliente tenga claro lo que quiere o visualiza del nombre, ya que los esfuerzos estarán mejor dirigidos. En varias ocasiones, contribuimos a desarrollar el concepto del proyecto, para poder darle el enfoque correcto en cada una de las áreas de branding, incluyendo el nombre. Cuándo no tienes una idea clara de un concepto de tu producto o servicio, lo óptimo será generarlo previo a todo lo demás.

11. Ignorar las implicaciones globales. Todos queremos evitar desastres y la verdad es que es horrible que una compañía mediana que con tanto esfuerzo ha crecido luego tenga problemas por haber ignorado este aspecto.  Las búsqueda e investigación de nombres para la pequeña y mediana empresa deben ser global, no local. Hay que revisar nombres y sus implicaciones lingüísticas en otros idiomas, sus modismos y asociaciones culturales. De esta forma prevenimos desastres.

12. Hacer del nombre algo emocional de los tomadores de decisiones.  El principal criterio de selección para el nombre de una marca debe ser su éxito con el mercado meta. El problema es cuando los tomadores de decisiones comienzan a decidir en base a sus asociaciones personales y emocionales. Lo mejor es conocer cuáles son las asociaciones, interpretaciones e impacto que tiene el nombre con el mercado meta y no las de los tomadores de decisiones.

13. No determinar quiénes son los que deciden. Los nombres y las marcas se deben ser determinadas por un grupo compacto, conocedor y objetivo. También hay que entender que no son decisiones democráticas ni motivos para generar motivación interna. Cuando el proceso de decisión se vuelve democrático la decisión siempre termina mal y esto se da cuando los dueños o directores piensan que lo mejor es compartir y que el “personal sea el que decida…” Esto es el principio del fracaso. Otro ejemplo es cuando las empresas se ponen a decidir en base a encuestas. Ni el personal, ni el mercado meta, ni a quienes entrevistemos comparten la visión de la empresa, la propuesta de valor y el rumbo que el mercado nos exige. Es triste ver casos donde una buena propuesta y excelentes cimientos para la construcción del branding de la marca terminen cancelados porque a “los empleados no les agradó…”  Hay que estar conscientes que necesitamos una plataforma de marca robusta y con la capacidad de comunicar nuestros atributos, no en complacer al personal.

 


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Nando Fuentevilla