Continuo con la serie de recordatorios prácticos al momento de leer publicaciones o encuestas pre-electorales. Estos son los últimos puntos:

8. Distinguir entre preferencias electorales brutas y efectivas. Es importante recordar la diferencia entre ambas. Según el medio o la estrategia de comunicación algunos comunican preferencias ‘efectivas’ mientras otras ‘preferencias brutas’. Esto puede ser peligroso, sobretodo cuando hacemos comparativos ya que los dos tipos de preferencias no son lo mismo. Las preferencias brutas incluyen las no respuestas, las personas que se abstuvieron de contestar las preguntas indicadas, las que respondieron que aún no sabe o simplemente no quisieron contestar por alguna razón. Por otro lado, las preferencias efectivas eliminan ese porcentaje y se recalcula la intención de voto, asignando el porcentaje de no respuesta a cada candidato. En lo personal, prefiero la preferencia ‘bruta’ pues es más real ya que existe un gran porcentaje de indecisos, personas que no tienen una decisión realizada o aquellos que no quieren manifestar intención alguna por desconfianza hacia el encuestador. También hay ocasiones que el entrevistado tiene miedo, y prefiere no decir nada.

Se ‘supone’ que el porcentaje de indefinidos o personas que no manifiestan intención de voto va disminuyendo conforme se acerca la elección, sin embargo, va a haber ocasiones que este porcentaje puede ser variable a lo largo de todas las mediciones. Es importante también tomar en cuenta que a veces este porcentaje de gente que ‘no declara’ o ‘indefinida’ puede cargar hacia algún candidato, ¿a qué candidato…? Será una hipótesis de investigación de la campaña. Algo importante es cómo se asignan las preferencias ‘brutas’ al momento de convertirlas en preferencias ‘efectivas’. Muchas veces se asignarán de manera uniforme o proporcional entre los candidatos.

No desestimar las encuestas que contradicen nuestras preferencias. Es decir, no invalidar aquellas donde le va mal a nuestro candidato o donde pierde preferencias. Invalidar un resultado que no va acorde con nuestra creencia se conoce como ‘razonamiento motivado’. Indica que las personas suelen aceptar solo la información que refuerza sus posturas y posiciones políticas o de candidatos. Estas personas creen que cuando los resultados no les son favorables los estudios están mal realizados o mal hechos.

9. No sobreestimar las encuestas al principio de las campañas. Cuando inician las campañas o las pre-pre-pre campañas la mayoría de la población aún desconoce o no pone mucha atención a los candidatos o figuras públicas. Aún no saben quién es el que se conectará más a su identidad política o ideología, es decir, hay mucha desinformación y la población tampoco se encontrará motivada para saber del tema. Los posibles votantes también darán respuestas sin pensar y el ‘avión’ a los encuestadores. A medida que se acerca el día de la elección, las respuestas tenderán a ser cada día más reales.

10. Las encuestas no son predictivas del resultado de las elecciones. Esto indica que las encuestas pre-electorales no predicen el resultado final de unas elecciones. Esto es por varias razones que comparto: pueden pasar muchos días entre la última encuesta y el día de la elección -a veces son dos semanas-; también ocurren eventos que afectan la percepción de los electores (recuerdo un video de un candidato del PRD en Baja California Sur que afectó en más de diez puntos); las movilizaciones que alteran quien sí sale a votar y quien no y; finalmente, se nos olvida el porcentaje de error que todo ejercicio estadístico tiene.

Recordar estos puntos mejorarán nuestra perspectiva al momento de leer un estudio. Hay que tener cuidado y leer aquellas fuentes que consideramos objetivas. Necesitamos estar cada vez más atentos y leer con cuidado.

Fernando Fuentevilla