Sin un decidido empeño por superarnos en puntos clave de comparación, externos, nuestras empresas no saldrán adelante en el ambiente global. Benchmarking.

Los empresarios ahora tienen más quehacer que antes. Quisiéramos seguir haciendo lo mismo con nuestras mismas fórmulas de éxito, pero el mercado no nos deja. Nos exige renovar incesantemente nuestras ofertas, nuestros modelos organizacionales y nuestras formas de operar.

“Camarón que se duerme, se lo come la globalización”, podríamos decir ahora. El mantener la vigencia de la propia manera de crear riqueza en su negocio es la responsabilidad primordial del dueño. El entorno global en que ahora nos movemos complica el cumplimiento de esta responsabilidad.

Encontrar una forma diferente de competir y construir caminos de liderazgo es un desafío permanente para todos. Dicho desafío demanda contar con marcos de referencia claros que nos indiquen dónde estamos en el mercado y en la industria.

Saber medir dónde estamos en el proceso de migración de valor nos ayudará a tomar importantes decisiones de inversión y desinversión, de impulso y abandono de oportunidades, de montaje y desmontaje de estructuras organizacionales.

Si no cuidamos nuestro desempeño con respecto a la competencia, podemos mostrarnos demasiado complacientes y tolerar improductividades que debiliten nuestra posición competitiva.

Pero la competitividad no se construye sólo a través de grandes jugadas. Su fortalecimiento se lleva a cabo a través de la lucha cotidiana de cada miembro de la empresa.

La competitividad se construye proceso a proceso. Por eso necesitamos de parámetros objetivos que ayuden a establecer indicadores comparativos de desempeño dentro de la industria. Estos parámetros comparativos de la competencia son hoy unos de los más subutilizados mecanismos de motivación en el arsenal de herramientas administrativas.

Algunos líderes pretenden no manifestarse interesados en el espíritu competitivo. Otros parecen caminar con tal seguridad que no se ocupan por medir su posición respecto a la competencia. Pero el mercado no da tregua, y sigue avanzando. Los competidores no se están rascando la barriga, sino que mejoran día a día.

Debemos fomentar el hábito de meternos en la suela de los zapatos del cliente. En su lugar, ¿elegiríamos comprar nuestros productos o servicios? En caso negativo, ¿por qué no lo haríamos? ¿En qué fallamos? ¿Qué nos sobra o nos falta? ¿Cómo rectificar?

Todo mundo quiere tener éxito. Nada soporta con mayor solidez al liderazgo que el logro. El empuje competitivo y la voluntad de ganar acompañan a la cultura de las empresas triunfadoras. Pero es responsabilidad de la alta dirección establecer el sentido de propósito, de identificar los retos clave en cada momento, y de ayudar a todos a encontrar el papel a jugar en la búsqueda de la victoria.

Ante la ausencia de desafíos claros y precisos, los colaboradores se tornan impotentes para contribuir a la competitividad.

Como individuos pueden trabajar afanosamente, pero las ventajas competitivas no se construyen sin un esfuerzo sostenido y enfocado de toda la organización. En esa línea, sin ‘benchmarks’ externos, es sumamente fácil para los empleados creer que es la gerencia y la dirección, y no la realidad competitiva, quienes están aplicando la presión por mejorar.

Como dueños, debemos pensar que en cada departamento, en cada proceso, contamos con un espacio para tomar decisiones de concentración y abandono, de inversión y desinversión. Si nos diésemos la verdadera posibilidad de elegir, ¿compraríamos nuestro departamento contable, o el área de sistemas, o nuestro departamento de personal?

Los responsables de esas áreas, ¿se comparan en los indicadores relevantes con sus competidores? Transmiten a sus colaboradores el sentido de urgencia por superar el desempeño de ‘sus competidores’.

Probablemente prevalezca en nuestra empresa el sentido de paternalismo que domina nuestros ambientes tolerantes que debilitan nuestra posición competitiva.

La creación de valor no es gratuita. Toda nuestra empresa tiene que empeñarse en ofrecer una competitiva propuesta de valor. Midamos la contribución de cada uno y exijamos un creciente desempeño.